

En la proeza han participado una veintena de empresas europeas bajo el mando del Centro Europeo de Investigación y Tecnología de Boein.
El avión, un biplaza de la compañía Dimona, realizó un vuelo de 20 minutos y alcanzó una altitud de 1.000 metros.
El viaje, según ha indicado el piloto, ha sido más placentero de lo habitual pues el motor es mucho más silencioso que los de explosión.
De momento se descarta la idea de que esta tecnología pueda ser empleada por los grandes aviones comerciales. Ahora queda saber cómo producir el hidrógeno sin contaminar el medio.





















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