Poemas en la Alhambra

21 de Septiembre de 2008

“Sólo Dios es vencedor”
La frase se repite esculpida miles de veces en los muros de la Alhambra. La intrincada caligrafí­a árabe reproduce este llamado a la humildad y a la grandeza de lo superior.

Es imposible conocer todos los secretos que se esconden entre los muros, en los jardines, bajo la sombra de sus ventanas caladas, en el murmullo permanente del agua de las fuentes de la Alhambra.

“Sólo Dios es vencedor”
El fundador de la dinastí­a nazarí­ Zawi ben Ziri mandó grabar esta frase cargada de significados mucho antes que Granada se convirtiera en el último bastión de su raza en España. Junto a ella, sus muros cuentan hermosos poemas realizados por tres poetas de la corte de Granada: Ibn al-Yayyab (1274-1349), Ibn al-Jatib (1313-1375) e Ibn Zamrak (1333-1393).

La Alhambra ha sido calificada como la edición más lujosa del mundo, que consta de un sólo ejemplar, y sus páginas son sus muros. El monumento habla al visitante en primera persona.

En ocasiones estas inscripciones son de carácter puramente informativo. Dan los datos de la fecha de construcción y del sultán que ordena la misma, como en las inscripciones conmemorativas en la Puerta de la Justicia o de la Explanada, mandada edificar por Yusuf I en 1348. También es el caso de la fachada occidental de la Puerta del Vino, ordenada por Muhammad V para conmemorar la victoria de Algeciras en 1369.

Otras veces se trata solamente de poemas piadosos, incluidas citas coránicas. Sin embargo, las inscripciones más destacadas son textos poéticos, a través de los que se exalta la forma, función y significado de la arquitectura granadina, fuente primordial de interpretación de la intencionalidad polí­tica de la dinastí­a nazarí­.

La decoración caligráfica canta bellos poemas. Los caracteres árabes se repiten a lo largo del interior de los palacios, de las fuentes, de las puertas. Junto a la riqueza de los colores en los mosaicos y el delicado trabajo de yeserí­a, los caracteres crean una atmósfera cargada de contenidos. Un espectáculo visual impresionante.

Como no podí­a ser de otra manera, abundan los poemas laudatorios dedicados a alabar a los distintos reyes, pero también se encuentran cantos a los jardines, al agua y a la belleza de cada rincón de la Alhambra.

“Taca en la puerta del salón más feliz
para servir a Su Alteza en el mirador.
¡Por Dios, qué bella es alzada
a la diestra del rey incomparable!
Cuando en ella aparecen los vasos de agua,
son como doncellas subidas a lo alto.
Regocí­jate con Ismail, por quien
Dios te ha honrado y hecho feliz.
¡Subsista por él el Islam con fortaleza
tan poderosa, que sea la defensa del trono!”

Sobre la taca derecha del pórtico norte del Generalife, se leen estos versos que no hacen sino cantar a su belleza.

Y en la fuente del Patio de los Leones se lee:

“…En apariencia, agua y mármol parecen confundirse,
sin que sepamos cuál de ambos se desliza.
¿No ves cómo el agua se derrama en la taza,
pero sus caños la esconden enseguida?
Es un amante cuyos párpados rebosan de lágrimas,
lágrimas que esconde por miedo a un delator…”

El orgullo del artesano y poeta la describe como muchos quisiéramos al estar frente a semejante obra de arte.

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