Si tienes algo para pedir o para agradecer a la Virgen del Pilar, tienes una buena razón para visitar Zaragoza.
Pero después de los 93 días de la Expo, mucho queda de bueno en la ciudad para agregar a las razones para una visita a la capital aragonesa.
Las magníficas obras, algunas de ellas verdades obras de arte, quedarán en su mayoría como patrimonio arquitectónico de la ciudad. Como ocurriera con Sevilla, por ejemplo, después de la Exposición Iberoamericana de 1919, los pabellones serán de visita obligatoria para las generaciones venideras, sin duda.
La ciudad ha ganado una nueva perspectiva. Giró su mirada hacia el río Ebro ganando una zona que será la base de muchas empresas diversas. La infraestructura mejorada, ampliada y actualizada queda.
Si quieres ver cómo va el desmontado de algunos pabellones temporales, si quieres ir vislumbrando de cerca cómo quedará el meandro de Ranillas en poco tiempo, puedes visitarla y aprovechar, por ejemplo, la telecabina.
Una vez concluida la Exposición Internacional Zaragoza 2008, la telecabina Aramón-Leitner seguirá prestando la conexión “aérea” con la ciudad con nuevas tarifas y horarios.
De martes a viernes, la telecabina permanecerá abierta en horario de tarde, de 16 a 20 horas. Los lunes cerrará al público. Los fines de semana y la semana de las fiestas del Pilar el horario será ininterrumpido de 11 a 20 horas.
Los precios, en el caso de un billete sencillo, de único trayecto, serán de 3,5 euros y el billete de ida y vuelta cuesta 5 euros. Además, habrá tarifas especiales para niños entre 5 y 14 años, carné joven, carné familiar, grupos, discapacitados y mayores de 65 años. Los niños menores de 5 años podrán acceder a las cabinas completamente gratis.
Zaragoza se enfrenta ahora al sindrome post-Expo y a concretar su objetivo que es convertir el meandro de Ranillas en un gran parque empresarial, que pueda estar listo para el año 2010 y se sitúe como nuevo centro económico y financiero de la capital aragonesa.
Los edificios más emblemáticos de la Muestra formarán parte de este futuro parque empresarial. De este modo, estos edificios se destinarán a nuevos usos y funciones, pero siempre manteniendo el espíritu de la Expo.
El Acuario, por ejemplo, después de unos días de cierre para adecuar el acceso independiente, abrirá sus puertas al público, posiblemente ya a partir del 01 de octubre próximo.
La Torre del Agua y el Pabellón Puente, serán gestionados por CAI e Ibercaja, respectivamente, y sufrirán algunas obras para abrir sus instalaciones adaptadas a exposiciones culturales.
El Pabellón de España ya tiene claro su futuro, será la sede del Centro de Investigación sobre el Cambio Climático que se instalará en este edificio.
Por otra parte, el Pabellón de Aragón pasará a albergar dependencias del Gobierno de Aragón, posiblemente, del Departamento de Educación, Cultura y Deporte.
La Ronda del Rabal es uno de los accesos más importantes de la ciudad y se adecua para unir el Actur y La Almozara.
Zaragoza ha ganado mucho gracias a la Expo: difusión de sus valores, protagonismo en el tema del agua, etc. Sin embargo, la cosecha más valiosa la endrán sus propios habitantes y todos nosotros, los visitantes, cuando nos acerquemos a ella: la ciudad ha crecido, madurado, engalanado.
Ha ganado un maravilloso frente fluvial sobre el Ebro, tantas veces ignorado a las espaldas de la bella Zaragoza. Allí, residente y turistas, tendremos un espacio natural dotado de la infraestructura necesaria para disfrutar del aire libre, de las actividades deportivas y culturales que quiera la ciudad plantear.
Hay mucha vida después de la Expo en Zaragoza.






















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