Así es, nuevamente el ser humano hace lo que lleva practicando desde el principio de los tiempos, copiar los sistemas de la naturaleza con un sin fin de objetivos. Y es que, como reza algún dicho popular, la naturaleza es sabia. Podemos encontrar multitud de ejemplos donde la tierra y sus pobladores encuentran perfectas soluciones a problemas que de no resolver supondrían su desaparición o la ruptura del ecosistema entero. Soluciones que en muchos casos al hombre se le escapan.
En esta ocasión científicos de la Universidad de Cornell (EE.UU) han conseguido crear el primer árbol sintético, capaz de realizar el proceso conocido como transpiración vegetal, por el cual los árboles transportan agua desde sus raíces hasta las hojas mas altas donde finalmente se evapora.

En realidad el invento no se parece en nada al aspecto de un árbol, pero sí es igual en su funcionamiento. Para conseguirlo usaron un gel sobre el que posicionaron dos círculos con canales de microfluidos uniformemente divididos en espacios para imitar el sistema vascular de los árboles. Finalmente estos dos círculos están unidos por un único canal que representa el tronco del árbol. Estas “hojas artificiales” son las encargadas de succionar el agua desde la parte inferior hasta la superior (de un círculo a otro) con la imitación de los xilemas, que son los que en las hojas de los árboles, manipulando la presión negativa, obtienen un estado metastable para el agua (ni vapor, ni líquido, un intermedio). Tiene lugar una evaporación que “tira” del del líquido elemento.
Para entendernos mejor, los xilemas junto con otro tipo de tejido, el floema, forman una red continua que se extiende por todo el organismo de la planta y se encarga de conducir los líquidos. Este tejido es el que han conseguido reproducir.

La gracia del asunto estaba en encontrar el material idóneo para fabricar estas membranas y no fue otro que un gel muy similar al usado en la creación de lentes de contacto.
Este hidrogel, denominado PHEMA, tiene poros nanométricos capaces de retener el líquido generando la acción capilar y dando como resultado la tensión en el agua. Consiguieron crear presiones negativas similares a las observadas en los árboles y así bombear agua a largas distancias. No solo eso, la fuerza con la que transportan el líquido es varias veces superior al de una planta. También se corrobora que los árboles y plantas realizan la transpiración mediante un proceso puramente físico, no se necesita energía biológica (esto no se tenía nada claro).
Ahora con todo esto imaginemos las posibles aplicaciones, tenemos una forma de succionar agua y transportarla a velocidades considerables sin usar ni un ápice de fuerza mecánica.
Podría usarse en el desarrollo de nuevos métodos de transferencia de calor pasivo, para enfriar un portátil o refrigerar un edificio entero. Sigamos imaginando y situémonos en un campo contaminado por algún líquido. Los árboles sintéticos permitirían limpiar el terreno mediante la transpiración. O en una superficie de secano extraeríamos agua sin tener que excavar hasta el nivel freático.
Termino como empecé, el ser humano vuelve a copiar con éxito una tecnología natural que hasta la fecha no había sido posible simular, con una potencia y posibilidades enormes. Quizás si observásemos más nuestro ecosistema y sus funciones, el ser humano avanzaría mucho más rápido y de forma más segura. Solamente falta que nos quitemos de encima el complejo de “creación supranatural”, tarea nada fácil por otro lado.





















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