Pioneras del deporte femenino español

24 de Noviembre de 2008

En las últimas olimpiadas el deporte femenino aportó 4 medallas a la delegación española y por suerte ya no es novedad que nuestras deportistas consigan éxitos a nivel internacional, pero hay que recordar que es algo muy reciente en realidad. Hay un antes y un después desde 1992, primero se consiguió la primera medalla del deporte femenino gracias a Blanca Fernández Ochoa, el bronce en el eslalon gigante en los juego olí­mpicos de invierno en Albertville y después llegaron en Barcelona los oros de la selección femenina de hockey, dos en judo (Miriam Blasco y Almudena Muñoz) y el de vela obtenido por Patricia Guerra Cabrera y Theresa Zabell Lucas, además de tres platas y un bronce. En Atlanta 6 medallas, 4 en Sidney, 5 en Atenas y las 4 mencionadas de Pekí­n como el bronce de Leire Olabarria (en la imagen) en ciclismo en pista.

Si tomamos los juegos olí­mpicos modernos como referente vemos que se ha tardado mucho, demasiado, en conseguir los primeros grandes éxitos. Esto no deja de ser un reflejo de la transformación que ha tenido lugar en España. No es casualidad que todo esto haya ocurrido con la llegada de la democracia y la consiguiente modernización que ha sufrido el paí­s en todos los niveles hasta ponernos al nivel de los paí­ses más desarrollados del mundo.

Dentro del erial que ha sido el deporte en España en general  y el femenino en particular hay que destacar heroicas excepciones en un paí­s en el que hasta hace casi cuatro dí­as cualquier mujer que practicase deporte era objeto de mofa y burla por parte de una sociedad tremendamente machista. Remontándonos en el tiempo nos encontramos a principios del siglo XX a la ya legendaria tenista (aunque ése sólo es uno de los deportes que practicó) Lilí­ í?lvarez. De familia acomodada fue la primera española en participar en unos juegos olí­mpicos (Parí­s 1924), fue finalista en Wimbledon tres años seguidos (1926-1928) y en 1929 se proclamó campeona de dobles en Roland Garros con la holandesa Kornelia Boumann. En esos años ocupó la segunda posición del ranking mundial y la prensa internacional la llamaba “the senoritaâ€? (sin eñe).
Tras su matrimonio en 1934 abandonó el tenis y pasó a dedicarse a la literatura además de practicar otros deportes como el automovilismo y el esquí­.

Las profesoras Concepción Carbajosa y Catalina Riaño interpretan el sentido de la trayectoria deportiva de í?lvarez en el artí­culo ‘Una nueva perspectiva histórica: la mujer y el deporte a través de la vida y la obra de Lilí­ í?lvarez’ (Ciencia y Deporte, 2005), de ella dicen:

“El deporte para la mujer, en el primer tercio del siglo XX, debí­a seguir unos patrones totalmente alejados de la competición, la exhibición, la espectacularidad y el protagonismo. Pero éste no fue el caso de Lilí­, cuyos éxitos tení­sticos la encumbraron a la popularidad. Era mundialmente conocida y reconocida. Sus éxitos deportivos le permitieron ascender en la escala social, en un momento en el que la promoción social a través del deporte estaba únicamente reservada a los varones de las clases sociales dominadasâ€?.

Tras ella hubo que esperar varias décadas para que otras deportistas lograsen grandes gestas y popularidad como la nadadora Mari Paz Corominas que sin apenas preparación y apoyo consiguió ser la primera española en llegar a una final olí­mpica, fue en México 68 en la prueba de 200 metros espalda. Según podemos leer en una entrevista que concedió a El Periódico de Catalunya:“Solo existe el documento gráfico de la grabación con una cámara de súper ocho que realizó su padre desde la gradaâ€?. Lo que da muestra del poco o nulo seguimiento que tuvo su trayectoria deportiva por parte del único medio oficial de información de la época.

Terminar séptima le supuso, eso sí­, una recepción oficial en El Pardo. En los europeos de Barcelona en 1970 se metió en la final de 800 metros libres poco después se retiró a la edad de 21 años y como comenta ella “Pese a ello nadie me pidió que continuase”. “Eso fue una cosa cuando menos curiosa”. Ya no le quedaban ganas de seguir debido a que “Habí­a perdido la ilusión, ya que no recibí­amos ningún tipo de ayudas ni de protección”.

Ya en la década de los 70 destaca la figura de Carmen Valero que fue dos veces campeona del mundo de campo a través (Chepstow en 1976 y Dí¼sseldorf en 1977) y fue la primera atleta española en participar en las olimpiadas (Montreal 1976). Dominó el atletismo español en los años 70 y principios de los 80. Como prueba de su transcendencia fue reconocida con la Real Orden del Mérito Deportivo en su categorí­a de Medalla de Plata en 2001, además de haber ganado diferentes galardones en activo.

Mucho más reciente en el tiempo tenemos la hazaña de Arantxa Sánchez Vicario, heredera de Lilí­ í?lvarez en el mundo del tenis, que en 1989 ganó la final de Roland Garros a Steffi Graf (en ese momento número uno) con tan solo 17 años. No fue flor de un dí­a, como demostraron los otros 3 gran slam que ganó (dos veces más Roland Garros y un US Open), las medallas olí­mpicas (dos de plata  y dos de bronce) y haber llegado al número uno de la WTA. Sin duda la mejor deportista española junto a Joane Somarriba que ha sido tres veces ganadora del Tour de Francia y dos veces del Giro de Italia.

Desde ese momento el deporte femenino español por fin entró en la modernidad y la existencia de grandes deportistas en España no es algo anecdótico o simbólico sino una realidad pujante, prueba de ello es la cantidad de medallas que ganan las mujeres, buenas actuaciones en deportes de equipo, Gemma Mengual en natación sincronizada, la tenista Conchita Martí­nez ganadora de Wimbledon, la baloncestista Amaya Valdemoro campeona en tres ocasiones de la WNBA, las atletas Marta Domí­nguez y Marí­a Vasco y un larguí­simo etcétera.

Comparte este artículo:
  • Facebook
  • Bitacoras.com
  • Meneame
  • Twitter

Deja un comentario


  1. Si quereis leer más noticias de deporte femenino visitar esta web:
    http://deportefemenino.es/


  2. [...] hemos hablado Lilí­ ílvarez aquí­, en la imagen la podemos ver disputando la primera de sus tres finales consecutivas de Wimbledon. [...]