Hay tres requisitos imprescindibles para entrar en este club, el primero es ser mujer, pues no existe la Alta Costura para hombres, el segundo amar la moda sobre todas las cosas y el tercero y más importante ser millonaria.
A priori no parecen requisitos tan difíciles de cumplir, pero lo cierto es que el número de clientas que compran Alta Costura ha ido en progresivo descenso desde su apogeo en la década de los 50. Se calcula que en la actualidad la cifra de mujeres que se pueden permitir el lujo de vestir una de estas obras de arte no pasa de 300 en todo el mundo, aunque la discreción que rodea este negocio hace imposible manejar cifras exactas.
La Haute Couture es un término protegido por la ley que sólo puede ser usado por compañías que cumplen ciertos estándares bien definidos por la Chambre Syndicale de la Couture, los miembros oficiales en la actualidad son: Adeline André, Anne Valérie Hash, Chanel, Christian Dior, Christian Lacroix, Dominique Sirop, Franck Sorbier, Givenchy, Jean Paul Gaultier, Maurizio Galante y Stephane Rolland, todos ellos franceses con excepción de Elie Saab y las casas italianas Armani y Valentino. Entre los diseñadores españoles sólo figura, Josep Font quien debutó con éxito sobre la pasarle parisina el año pasado.
Todos los diseños de Alta Costura se realizan de forma artesanal y bajo petición del comprador, es decir, que al vestido presentado en la pasarela se le puede añadir o quitar lo que el cliente desee pues se hacen siempre a medida. Esta exclusividad tiene un precio que puede oscilar desde los 15.000 euros de las piezas más baratas a los 100.000 de las más espectaculares, que pueden llevar hasta 800 horas de trabajo manual.
En una época donde prima la producción en serie y el made in China, la Alta Costura no parece un negocio muy rentable y de hecho no lo es. El mayor genio del sector y quien relanzó este negocio casi extinto con su llegada al frente de Dior, John Galliano, apenas vende un par de modelos de los 40 que suele presentar de media por desfile, otros ni siquiera llegan a vender uno por temporada. Entonces ¿qué sentido tiene seguir invirtiendo en la costosa maquinaria de este arte?
Las casas de moda saben que su principal activo es la exclusividad, el despliegue de medios y el enorme capital invertido en los dos desfiles que cada año se realizan en Paris puede que ni siquiera sirvan para cubrir gastos, pero suponen una publicidad muy rentable gracias al enorme interés que despiertan en los medios de comunicación. Esta publicidad es la que sirve para vender las colecciones de Pret a porter, los complementos y los productos de belleza y perfumería que son los que de verdad generan beneficios a las casas de moda.
Puede que sólo unas pocas privilegiadas puedan pagar el alto precio de llevar una pieza única creada por Galliano o Karl Lagerfeld, pero cientos de miles en todo el mundo estarán dispuestas a gastar 1000€ en un bolso de Chanel, 400€ en unos zapatos de Dior o 60€ en un perfume Givenchy para poder sentir que también llevan algo único y es que el verdadero secreto de la alta costura consiste en asociar la imagen de lujo a todos los productos de la firma.
























Excelente artículo. Muy interesante lo de la Cámara de la Alta Costura.
El caso de la alta costura y el pret a porter es como la Fórmula 1 y los coches, que además de banco de pruebas de tecnologías, sirven como imagen de marca.
Sí, de ahí que lo sigan manteniendo pero la alta costura está en peligro de extinción me temo…
Gracias por darte una vuelta por mi blog de moda.
Realmente este articulo es tan claro y tan real! Yo en breve hago mi primer desfile, el 7 y estoy con la disyuntiva hago caro y lo muestro o hago bueno, bonito y barato??? que es lo que se vende…..
un besote!
Uff, complicado Maria Laura, por precios no vas a poder competir con los grandes Zara y compañía, que cosen en china, así que yo optaría por lo caro, no digo precios desorbitados, pero sí moda de calidad aunque sea a mayor precio. Mucha suerte!