Los juegos olí­mpicos de la antigí¼edad

4 de Mayo de 2009

Antes de comenzar cualquier edición de los juegos olí­mpicos actuales tiene lugar unos meses antes en el antiguo santuario griego de Olimpia el encendido ritual de la antorcha que portará el fuego que presidirá, desde el pebetero, los juegos en cualquier parte del mundo en donde vayan a realizarse. Actrices vestidas como sacerdotisas de Hestia encienden delante de las ruinas del templo de Hera ponen una antorcha en un espejo cóncavo que al concentrar los rayos del sol encienden el sagrado fuego olí­mpico. Este rito evoca la leyenda de cómo Prometeo robó el fuego a Zeus y se lo dio a los hombres.

La llama olí­mpica se empleó por primera vez en los juegos de í?msterdam en 1928, aunque tanto la antorcha como otros muchos rituales de los juegos olí­mpicos modernos se han inspirado en los antiguos juegos que tení­an lugar cada cuatro años en el Santuario de Olimpia.

En el mundo griego antiguo existí­an santuarios, sitios sagrados dedicados al culto a los dioses y una de las formas de rendirles dicho culto era la celebración de juegos o agones que no se limitaban a pruebas deportivas sino que también eran certámenes teatrales y musicales. Además de los juegos olí­mpicos existí­an en otros lugares como los panatenaicos (Atenas), nemeos (Nemea), hereos (Argos) o pí­ticos.

Los primeros juegos olí­mpicos de los que se tiene constancia datan del año 776 a. C. (año en el que se fijaron por primera vez por escrito los nombres de los ganadores, por lo que seguramente ya se celebraban antes) y tení­an lugar cada 4 años hasta el 394 d. C. cuando fueron prohibidos por el emperador cristiano Teodosio al considerarlos un ritual pagano. Por lo tanto se realizaron durante más de mil años.

En el recinto del santuario habí­a diferentes edificios religiosos y de culto, entre los que se encontraban la palestra (un edificio con un patio central con habitaciones alrededor en las que los atletas (que competí­an desnudos) antes de ejercitarse se embadurnaban el cuerpo con aceite que después se quitaban con un raspador que les serví­a también como masaje) y el gimnasio (donde se entrenaban los atletas). Además estaba el hipódromo donde se realizaban las carreras de caballos y el estadio que sólo tení­a unos graderí­os de madera para los jueces y algunos sacerdotes, el resto del público se colocaba en los taludes de tierra de alrededor. Por cierto que para llegar al estadio habí­a que atravesar un pasillo en el que habí­a estatuas, zanes, realizadas con el importe de las multas a los atletas tramposos o que intentaban comprar la victoria. Además de las estatuas debido a las sanciones habí­a por todo el santuario estatuas en honor de los mejores atletas erigidas por las ciudades de origen de los campeones.

Según la leyenda, dentro del recinto Heracles, el Hércules romano, plantó un olivo en honor a Pelops e Hipodamia (dos héroes de la región del Peloponeso), usaban las ramas de dicho olivo para hacer las coronas de los vencedores. Heracles también habrí­a sido el primero en celebrar unos juegos olí­mpicos, en concreto carreras de caballos.

Pero la verdadera competición estrella de los juegos, y la que más gloria proporcionaba al ganador era el pentatlón, es decir, cinco pruebas siendo proclamado vencedor el participante que más pruebas hubiese ganado.

La primera prueba era el dromos, una prueba de velocidad en la que se daba una vuelta el estadio de alrededor de 200 metros, equivalente a los 100 metros lisos actuales, el premio para el vencedor era encender el fuego sagrado en el altar de Zeus, lo que hoy serí­a encender el pebetero. La segunda prueba era el salto de longitud o halma, probablemente similar al triple salto. El lanzamiento de disco o discobalia era la siguiente prueba, el disco podí­a ser de piedra o bronce y pesaba entre 1,5 y 5 kg., vencí­a el que sacaba mejor media en cinco intentos. La cuarta disciplina era el lanzamiento de jabalina o akontismo, a diferencia de ahora utilizaban un propulsor.

La quinta y última prueba, la lucha, sólo tení­a lugar en caso de haber empate entre los vencedores o entre el segundo y tercer puesto. Habí­a que derribar al oponente y conseguir que sus hombros o espalda tocase el suelo en tres intentos.

Además del pentatlón habí­a otras pruebas como carreras de fondo de 24 vueltas al estadio, carreras hoplí­ticas (que las hací­an vestidos y armados como la infanterí­a griega, carreras de caballos, el pugné o pugilato, parecido al boxeo actual, el pancracio, un tipo de lucha libre en el que estaba todo permitido salvo meter los dedos en los ojos o morder al contrario, carreras con antorchas entre otras. También habí­a participación femenina aunque muy reducida, se celebraban las pandemias (carreras) pero fuera del calendario de las Olimpiadas.

Para poder participar en los juegos habí­a que cumplir una serie de requisitos, el más importante era ser ciudadano griego, no lo podí­an hacer los esclavos, metecos ni las mujeres (salvo en las pandemias). A diferencia de lo que ocurre hoy en dí­a los premios que recibí­an no eran ni de lejos tan suculentos, nadie podí­a hacerse rico practicando deporte. Los vencedores obtení­an coronas vegetales hechas de laurel y su nombre era grabado en el santuario alcanzando de ese modo la inmortalidad. Los participantes eran patrocinados por sus ciudades y por ello su victoria también era la victoria de su polis. Por ejemplo fue muy popular Milón de Crotona (del siglo VI a. C.), que fue el vencedor durante cuatro olimpiadas seguidas.

En otros juegos, como en los de Atenas además de las coronas de laurel los participantes podí­an recibir enormes cerámicas con aceite (el antecedente de las copas que se dan en las competiciones deportivas modernas) algo de mucho valor en la época. Durante la celebración de los juegos se declaraba un perí­odo de tregua entre las polis (ciudades estado) griegas ya que se trataba de unos rituales en honor a los dioses y por tanto no respetarlo podí­a hacer que desencadenasen su cólera.

Como podéis ver los juegos olí­mpicos modernos han tomado muchos elementos de los antiguos, adaptándolos a la actualidad aunque desprovistos completamente del sentido religioso que le daban los griegos en la antigí¼edad. Lo que más me gusta es que esa memoria se mantiene con la ceremonia del encendido de la antorcha en Olimpia.

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Deja un comentario

  1. Carlos Rivera

    Hola:
    Me gustarí­a contactar con el Sr. Eduardo Labat, para reproducir algunos de sus interesantes artí­culos en nuestro medio deportivo. Muchas gracias.
    Carlos Rivera
    Madrid
    Telf.: 636 835 749

  2. Marta

    vaya memez!!!!!!!!!!

  3. Facebook User

    Marta, qué es lo que te parece una memez? ¿El post? ¿Los comentarios?


  4. [...] en la antigí¼edad lo más parecido al deporte moderno eran los juegos griegos (los olí­mpicos y otros muchos), los egipcios, cientos de años antes y durante más de 3.000 años también [...]

  5. José Luis Valdivieso

    Felicitaciones por la información histórica sobre los Juegos Olí­mpicos. Me agradarí­a mucho que se dignarán reproducir los 12 primeros sellos emitidos por Grecia para para conmemorar los Primeros Juegos Olí­mpicos Modernos, el pedido lo hace un estudioso de la la filatelia deportiva que se dedica, no solo al coleccionismo sino tsmbien a la didáctica. En el Catálgo Scott no los reproduce en su totalidad. Espero recibir a vuelta de correo un respuesta positiva.
    Gracias,
    Jose Luis Valdivieso Aguirre
    IBARRA – IMBABURA – ECUADOR.