Controles privados, salas de espera con piscina y jacuzzi, edredones de plumas, menús preparados por los mejores chefs y para acompañar la comida una botella de Don Perignon. Hay un mundo de comodidad y lujo para aquellos pasajeros que vuelan en primera, un mundo en el no existe el overbooking, los retrasos, ni las colas de facturación que tanto atormentan a los viajeros de la clase turista.
Pero este mundo esta vetado a unos cuantos privilegiados, aquellos que pueden permitirse pagar la diferencia de miles de euros que puede haber entre un billete convencional y uno en First Class.
El objetivo es hacer del vuelo una experiencia placentera, incluso antes del despegue. La compañía Virgin Atlantic cuenta para ello con salas de espera Vip decoradas por el director de diseño de la casa, Joe Ferry, con un aire entre futurista y retro. El pasajero puede disfrutar de un cóctel o una sesión de spa mientras los empleados se ocupan de sus maletas y un chófer le espera en la puerta para hacer el check in.
Pero si hablamos de lujo las compañías asiáticas se llevan la palma. Singapore Airelines es la favorita entre los hombres de negocios de todo el mundo. Su AirBus 380 cuenta con suites privadas, asientos de cuero hechos a mano, vajillas de Givenchy, televisores LCD y una oferta de ocio que incluye, música, videojuegos y más de mil películas para elegir.
La compañía aérea del país de las petroleras, Emirates Airlines, tampoco se queda atrás. Su clase turista es equivalente a la business class de cualquier otra compañía, con asientos anchos, tv con pantalla táctil y posibilidad de regular de forma independiente la temperatura y el flujo de aire. Pero el verdadero lujo está en la First Class Luxury, lo más parecido a un hotel de cinco estrellas que se puede encontrar a 10.000 metros de altura: azafata individual, comida a la carta y un servicio de limusinas que espera al pasajero a pie de pista.
Pero si lo que se busca es privacidad nada mejor que viajar en tu propio transporte aéreo. Eurocopter, la firma líder en fabricación de helicópteros, se ha unido a Hermés para diseñar un modelo de lo más sofisticado. El CE 135 tiene capacidad para seis personas, autonomía de vuelo de 600 kilómetros y un interior muy chic, todo forrado en cuero.
Claro que estos lujos sólo están al alcance de los pasajeros de altos vuelos, aquellos dispuestos a gastarse los 10.000 euros que puede llegar a costar un billete en alguna de estas aerolineas y es que el glamour se paga caro.

























“Azafata individual”?… para qué ¿para dar conversación al viajero?
Interesante en cualquier caso.
Yo, con que no se retrase mucho, me conformo.