
Cuando uno llega a Palos de la Frontera buscando el puerto original del que partieron en 1492 las tres carabelas de Colón, se encuentra que dicho puerto ya no existe y, en su lugar, hay un pequeño parque rodeado de tierras de labor. El río además, discurre ahora por otro sitio, y poco queda de la antigua tradición marinera de Palos.
Hay que recorrer otros cuatro kilómetros hasta La Rábida, donde nos vamos a encontrar, en el mismo complejo, al famoso Monasterio de Santa María y al Muelle de las Carabelas. Está situado en la confluencia de los ríos Tinto y Odiel, que junto con el Guadiana configuran la principal cuenca fluvial de Huelva.
Se trata de la réplica exacta de las tres carabelas de Colón, construidas con motivo del Quinto Centenario y que, tras realizar de nuevo el viaje del almirante y tras una larga y dura travesía por numerosos puertos europeos y americanos, y su estancia en la Exposición Universal de Sevilla en 1992, fueron varadas definitivamente en este Muelle de las Carabelas en La Rábida.
El Muelle se configura como un auténtico parque temático, donde podremos subir a los tres navíos, ver como eran por dentro, descender a las bodegas, recorrer las cubiertas…todo ello muy bien ambientado con los sonidos típicos que debieron oirse en aquellos barcos, y representaciones de marineros y mercancías. Una experiencia realmente enriquecedora que, se lo aseguro, a los niños les encantará especialmente. Una vez que accedemos a la dársena, nos encontraremos a babor a La Niña, en el centro la Santa María y a estribor La Pinta.

Además en el perímetro que rodea la dársena encontramos el Barrio Medieval, que representa el auténtico puerto de Palos, y la Isla del Encuentro, una idealización de la primera visión que tuvieron los marineros de las tierras descubiertas.
Se completa el conjunto con exposiciones y audiovisuales. Les recomiendo que, si van con tiempo, se detengan en la cantina del barrio medieval a tomarse unas tapitas o unas buenas raciones de comida típica onubense. Y que no dejen de visitar la tiendecita que hay a la salida. Les sorprenderá la cantidad de aparatitos de carácter marinero que tienen, desde astrolabios hasta sextantes en miniatura, además de otros que no he sido capaz de averiguar para que sirven, pero que resultaban realmente fascinantes.
Tras visitar el Muelle habrá que esperar hasta cerca de las cinco de la tarde para poder acceder al Monasterio de Santa María, situado unos pocos cientos de metros más arriba. Pero eso ya queda para otra entrada.





















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