La manipulación genética es uno de los temas que suscitan polémica hoy en día. Unos cuestionan el hecho en sí, ya que no ven ético que el hombre juegue a ser Dios y otros debaten fuertemente por donde colocar la barrera entre lo permitido y lo indebido y entre lo beneficioso y lo dañino para el Planeta.
Como no podía ser de otra manera, a la energía le afecta en cierta medida el poder utilizar esta extraordinaria posibilidad de modificar el desarrollo de alguna especie para obtener un impacto positivo de ello. Y no se trata modificar los comportamientos humanos para conseguir que el hombe deje de contaminar y se haga más sensible al respeto del entorno, ya que hasta la fecha, no se ha encontrado si hay gen que agudice el desastroso comportamiento que a veces tenemos los humamos.
Uno de los mayores agravantes del efecto invernadero es el metano. Pues bien esos animales inocentes con aspecto un poco tonto, las vacas y el ganado en general, provocan efectos más negativos en el transporte. Pues bien, en varios estudios se está tratando de mejorar esta situación. Cada vez somos más en la tierra por lo que como a casi todos nos encanta la leche, el queso y la carne hay que contar más unidades de ganado. Se está estudiando como hacer para que el ganado no genere tanto impacto y alimentar a los animales con productos que permitan que sus flatulencias sean menos perjudiciales y así emitan menos metano.
Pero una de las alternativas más barajadas hoy en día es trabajar el código genético de las vacas que ya se ha descifrado. Se podrían conseguir dos aspectos. El primero es alargar la vida de los animales que proporcionen leche para que hay menos unidades necesarias y por otro lado, intentar inflluir genéticamente para que se produzcan menos metano en esas “explosivas digestiones” de las piezas de ganado.
Otra vía posible que la genética abre para optimizar el futuro energético del planeta es la manipulación genética de cierta vida vegetal que es utilizada para la generación de energía. En el caso de las algas, sin duda se trata de una posibilidad de producir biocombustibles más efectivos que los incipientes que utilizan estos vegetales acuáticos.
Pero vamos a rizar el rizo. Virus modificados por ingeniería genética, que se adhieren a nanotubos de carbono, aumentando así la conductividad de las baterías de litio sin aumentar su peso. Impresionante.
También son muchas las modificaciones genéticas que se realizan para obtener bacterias modificadas que permitan producir biodiesel o biogás o hidrógeno.
No sé hasta que punto estas posibiidades son aplicables sin tener impacto en la Naturaleza. O tal vez ella nos corrija sola. Pongo un ejemplo: se trata del cultivo de un cardo (perdón, no recuerdo el nombre), que aparecía en muchos casos junto al trigo y que era fantástico para la biomasa. Se ha probado su cultivo masivo seleccionando las características que le hacían más idóneo para su rendimiento energético. Pues bien, el cardo no aguanta vivo. Sin su trigo al lado no es nadie. ¿Son cosas mal hechas o una lección de la Naturaleza?


























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