Acuerdo de mí­nimos, desacuerdo máximo.

23 de Diciembre de 2009

En todos los medios hemos visto el nombre que le han dado a las conclusiones de la Cumbre de Copenhague: “acuerdo de mí­nimos”. Pero creo que a pocos nos entra en la cabeza creernos que ha habido acuerdos, sí­ nos cuadra más lo de mí­nimos.

Y es que la anunciada cumbre del clima, la que debí­a ser la continuación de Kyoto y llegaba en el momento en el que la mayorí­a de paí­ses se está sensibilizando con el cambio climático, no acaba con un resultado demasiado esperanzador.

Tal vez una de las cosas que ha hecho que no se alcancen los resultados esperados es el marco de la cumbre. Una cumbre de larga duración, de estas que colapsan una ciudad que se llena de largos coches oscuros blindados y de lunas tintadas, que dan la sensación de costar un pastón cuando podrí­an predicar con el ejemplo. Además es organizada por Naciones Unidas cuya credibilidad social está descendiendo.

Y el resultado no difiere mucho de las sensaciones. Venezuela, Nicaragua, Cuba, Bolivia y Sudán, se niegan al acuerdo ya que lo consideran ilegí­timo.

Por otro lado, el que parecí­a iba a ser protagonista de la cumbre, el Premio Nóbel de la Paz, ha firmado un acuerdo poco creí­ble con los paí­ses emergentes: India, China y Brasil.

Europa, que parecí­a llamada a dar el paso de gigante y aumentar su compromiso de reducción de emisiones de CO2, del 20% al 30% y ser el modelo creí­ble de compromiso, no se lanzó a la piscina.

Todo esto y el carácter no vinculante del acuerdo, no acompaña a la credibilidad de esta reunión de dirigentes mundiales, a pesar de que el Secretario General de Naciones Unidas no se da por vencido y pretende que este “acuerdo de mí­nimos” sea vinculante para el próximo año.

El acuerdo se resume en una obligatoriedad de los paí­ses desarrollados de hacer efectiva la reducción de emisiones, que finalmente sea vinculante. Respecto a los paí­ses en desarrollo se pueden comprometer o no.

A raí­z de esta cumbre nos planteamos cuantas más serán necesarias para un acuerdo más esperanzador, o quién puede cargar con la responsabilidad de castigar a los que no cumplan los acuerdos pactados.

Además parece que la detención del lí­der de Greenpeace España por irrumpir en plena cumbre ha pesado más como noticia  que la propia cumbre. Y no os lo perdáis que le piden hasta seis años de cárcel.

El caso que como estamos en Navidad y no queremos acabar el año con mal sabor de boca vamos a pensar en que cosas nos gustarí­a que cambiaran para próximos acuerdos:

  • Nos gustarí­a que la Unión Europea liderara el cambio, ya que está a medio camino geográfico y energético entre los paí­ses menos desarrollados, emergentes y Estados Unidos y pienso que debe ser el espejo en el que mirarse.
  • Que los que se comprometan lo hagan de verdad, que se establezca un verdadero sistema de sanciones y se elimine el vergonzante derecho de compra de emisiones de CO2, ya que eso sólo lleva al modelo, de “déjame contaminar lo que tú no contaminas”.
  • Y por último, que haya dirigentes formados, realmente especializados. Que haya ministros de energí­a y no presidentes que se arrimen a la nuclear, a las renovables, a unos paí­ses o a otros y a modelos sostenibles o no, según para quién sea la foto.

Esperemos que en 2010 tengamos acuerdo de máximos, o mí­nimo desacuerdo.

¡¡¡Feliz Navidad!!!

Comparte este artículo:
  • Facebook
  • Bitacoras.com
  • Meneame
  • Twitter

Deja un comentario


  1. [...] último lo decimos por la cumbre de Copenhague que podí­amos decir que nos dejó como estábamos. Ni Norteamérica, ni Europa, ni los paí­ses emergentes se atrevieron a dar un paso adelante y se [...]