En todos los medios hemos visto el nombre que le han dado a las conclusiones de la Cumbre de Copenhague: “acuerdo de mínimos”. Pero creo que a pocos nos entra en la cabeza creernos que ha habido acuerdos, sí nos cuadra más lo de mínimos.
Y es que la anunciada cumbre del clima, la que debía ser la continuación de Kyoto y llegaba en el momento en el que la mayoría de países se está sensibilizando con el cambio climático, no acaba con un resultado demasiado esperanzador.
Tal vez una de las cosas que ha hecho que no se alcancen los resultados esperados es el marco de la cumbre. Una cumbre de larga duración, de estas que colapsan una ciudad que se llena de largos coches oscuros blindados y de lunas tintadas, que dan la sensación de costar un pastón cuando podrían predicar con el ejemplo. Además es organizada por Naciones Unidas cuya credibilidad social está descendiendo.
Y el resultado no difiere mucho de las sensaciones. Venezuela, Nicaragua, Cuba, Bolivia y Sudán, se niegan al acuerdo ya que lo consideran ilegítimo.
Por otro lado, el que parecía iba a ser protagonista de la cumbre, el Premio Nóbel de la Paz, ha firmado un acuerdo poco creíble con los países emergentes: India, China y Brasil.
Europa, que parecía llamada a dar el paso de gigante y aumentar su compromiso de reducción de emisiones de CO2, del 20% al 30% y ser el modelo creíble de compromiso, no se lanzó a la piscina.
Todo esto y el carácter no vinculante del acuerdo, no acompaña a la credibilidad de esta reunión de dirigentes mundiales, a pesar de que el Secretario General de Naciones Unidas no se da por vencido y pretende que este “acuerdo de mínimos” sea vinculante para el próximo año.
El acuerdo se resume en una obligatoriedad de los países desarrollados de hacer efectiva la reducción de emisiones, que finalmente sea vinculante. Respecto a los países en desarrollo se pueden comprometer o no.
A raíz de esta cumbre nos planteamos cuantas más serán necesarias para un acuerdo más esperanzador, o quién puede cargar con la responsabilidad de castigar a los que no cumplan los acuerdos pactados.
Además parece que la detención del líder de Greenpeace España por irrumpir en plena cumbre ha pesado más como noticia  que la propia cumbre. Y no os lo perdáis que le piden hasta seis años de cárcel.
El caso que como estamos en Navidad y no queremos acabar el año con mal sabor de boca vamos a pensar en que cosas nos gustaría que cambiaran para próximos acuerdos:
- Nos gustaría que la Unión Europea liderara el cambio, ya que está a medio camino geográfico y energético entre los países menos desarrollados, emergentes y Estados Unidos y pienso que debe ser el espejo en el que mirarse.
- Que los que se comprometan lo hagan de verdad, que se establezca un verdadero sistema de sanciones y se elimine el vergonzante derecho de compra de emisiones de CO2, ya que eso sólo lleva al modelo, de “déjame contaminar lo que tú no contaminas”.
- Y por último, que haya dirigentes formados, realmente especializados. Que haya ministros de energía y no presidentes que se arrimen a la nuclear, a las renovables, a unos países o a otros y a modelos sostenibles o no, según para quién sea la foto.
Esperemos que en 2010 tengamos acuerdo de máximos, o mínimo desacuerdo.
¡¡¡Feliz Navidad!!!
























[...] último lo decimos por la cumbre de Copenhague que podíamos decir que nos dejó como estábamos. Ni Norteamérica, ni Europa, ni los países emergentes se atrevieron a dar un paso adelante y se [...]