O quizás, nunca se fueron. Pero la llegada de nuevas tecnologías tales como la virtualización, informática en la nube, o cloud computing, y el respeto por el medio ambiente (Green IT) les han devuelto al primer plano. ¿Cuál es la razón? Muy sencillo:Â si todas las aplicaciones y documentos que necesitamos para trabajar van a estar en una máquina local, en nuestro ordenador, ¿para qué queremos más que un dispositivo que sea capaz de acceder a donde encuentran alojados los recursos?

El concepto de Thin Client no es nuevo. Ya en 1995 se comenzó a hablar en el mercado de estos terminales ligeros. No son más que unos ordenadores muy básicos que, frente al incremento de la velocidad o potencia que marcan los fabricantes, apuestan por llevar nada más que lo básico. El reto no es más que guardar prácticamente nada en ellos y que sirvan simplemente como punto de enlace entre el usuario y el servidor donde se aloje todo aquello que aquél necesite para trabajar: desde la aplicación que va a ejecutar así como los datos y documentos necesarios para su labor. De manera simplificada, una caja que sirve de enlace entre nosotros y lo que necesitamos para trabajar.
Desde este punto de vista, no son más que unos ordenadores que quedarán obsoletos con el paso del tiempo, puesto que no necesitarán incluir procesadores más rápidos, nuevas actualizaciones de las aplicaciones que contienen ni otro tipo de componentes para realizar sus operaciones.
¿Merece entonces la pena tener un Thin Client? Pues sí, y mucho. Más aún desde que estos equipos también se han adaptado con gran rapidez a la tendencia de la movilidad que viven el mercado y la industria tecnológica. Incluso, se les podría confundir con un portátil, pero con mayores ventajas. Para empezar, no conllevan los peligros asociados a su pérdida, extravío o robo, de tal manera que si el usuario lo pierde no perderá sus datos personales, pues estos permanecen almacenados en los servidores del centro de datos. Y, por si fuera poco, tampoco corren el riesgo de verse infectados por virus y amenazas similares.

Podían ser equipos buenos pero cayeron en el olvido… hasta ahora. Mercados como la virtualización, el green computing o el cloud computing han permitido un resurgimiento de estos equipos. A las ventajas que ofrecen como tales, en lo que respecta al almacenamiento de los datos y el manejo de las aplicaciones que contienen, proporcionan interesantes propuestas como el teletrabajo. Incluso, su bajo consumo energético es otro de los argumentos que juegan a su favor pues, en muchos casos, no pasa de los 7 vatios de energía. Esto, entre otras razones, hace que su precio sea hasta un 90 por ciento más barato que los ordenadores tradicionales.
Ventajas más que evidentes y una clara adaptación a las nuevas tenologías. Aspectos que les hacen ser equipos adaptables a las nueva circunstancias del mercado. Un ejemplo más de dispositivos adelantados a su tiempo y que cayeron en desuso hasta encontrar su hueco. Algo que, casi siempre, ocurre.





















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