Por los barrios más tí­picos de Sevilla

9 de Enero de 2010

Metidos en medio del frí­o y la nieve, se nos antoja un paseo por el sol andaluz. Para ello nos vamos hoy de paseo por algunos de los barrios más tipicos de Sevilla.

Comencemos por uno de los que siempre “suenan a Sevilla”: Triana.

Triana debe su nombre al emperador romano Trajano, que nació en la cercana Itálica. Hablamos de uno de los barrios más antiguos de Andalucí­a. Una zona tradicional, marinera, humilde, que se desarrolló en paralelo al curso del Guadalquivir.

Durante muchos años se caracterizó por ser el lugar de residencia de los gitanos sevillanos, cuna de toreros y cantaores: la leyenda dice que el agua que hay en la pila del baptisterio de la iglesia de Santa Ana es la que confiere a los hijos de sus fieles el don del arte flamenco.

También en esta orilla se alzaban el castillo de San Jorge que fuera asiento de la Inquisición en Sevilla, y la fábrica de Cerámica Santa Ana, aún en funcionamiento y donde se puede visitar el taller y comprar los famosos azulejos pintados.

En un principio el barrio se comunicaba con el centro de la ciudad mediante un puente de barcas tendido sobre el rí­o que fue sustituido por el actual de Isabel II (1845). Este puente tan bello ha sido declarado Monumento Histórico Nacional en 1976. Es el conocido popularmente como “Puente de Triana”. Más tarde se sumó el Puente de San Telmo.

Las calles de Triana forman una red enmarañada de casas blancas encaladas decoradas con azulejos y balcones floridos, y organizadas en torno a un patio comunitario, el “corral de vecinos“. Un ejemplo perfecto es la calle Rodrigo de Triana, bautizada en honor de uno de los hijos ilustres del barrio: aquel marinero de Colón que divisó tierra allá por 1492.

No podemos pasear por Triana sin probar sus bares. En Las Flores, debes probar el pescaí­to frito (calle Betis) o la taberna Sol y Sombra (calle Castilla) para volverte loco con sus tapitas de jamón, adobo, tortilla de camarones, rabo de toro… ummm.

Por aquí­ está también la iglesia de la O y la capilla del Patrocinio, donde está el Cristo de la Expiación que los sevillanos llaman el Cachorro y lleva tantos devotos. Y también merece visitarse la Iglesia de la Pureza, cuya Capilla de los Marineros custodia la Virgen de la Esperanza de Triana, que procesiona el Jueves Santo.

El Arenal tiene una larguí­sima historia. Antiguo puerto naval lleno de astilleros, arsenales y cuarteles, circundado por la vieja muralla.

En este sector de Sevilla tenemos dos grades atractivos para no perdernos. Uno de ellos es, sin dudas, la Torre del Oro. Esta torre es un torreón militar almohade que data del siglo XIII y su nombre deriva de los azulejos dorados que lo cubrí­an hace tiempo. Otros dicen que es porque en su interior se guardaban las riquezas traí­das de las Indias. En la actualidad se ubica allí­ el ; quizá por eso actualmente alberga el Museo Naval.

Algunos no sabrán que originalmente tení­a una torre gemela al otro lado del rí­o, estando ambas unidas por una gigantesca cadena que cerraba el paso a naves no autorizadas, a los efectos que no se escaparan sin pagar impuestos, supongo yo.

El otro punto destacado es la plaza de toros de la Real Maestranza, una de las más antiguas de España ya que data del siglo XVIII. Su peculiar fachada barroca, pintada de blanco con remates ocres, es también la entrada a un museo taurino. Si lo visitas, podrás ver la capilla donde rezan los matadores antes de entrar al albero, los establos, la enfermerí­a, el graderí­o con su arcada de columnas de mármol y la puerta del Prí­ncipe, por donde salen a hombros los triunfadores.

En El Arenal está también el Museo de Bellas Artes, una visita obligada para conocer su colección de pintura y escultura del Barroco español: Murillo, Valdés Leal, Zurbarán y Velázquez entre otros, se exponen al público en este edificio que era el antiguo convento de la Merced Calzada.

Llegamos ahora al barrio de Santa Cruz , el más tradicional y tí­picamente andaluz, con sus casas blancas, ventanas enrejadasy patios floridos. Un verdadero laberinto de callejuelas donde se ve la herencia de judí­os, árabes y cristianos.

En Santa Cruz conviven pintorescos bares de tapas, tiendas de souvenirs y tablaos flamencos con algunos de los monumentos más importantes de la ciudad. Se encuentra aquí­ la hermosa Catedral gótica se levanta sobre el solar que ocupaba la gran mezquita almohade, de la que subsiste, cristianizada en estilo renacentista, su alminar, la Giralda.

También están aquí­ los palacios y jardines que conforman los Reales Alcázares, un complejo palaciego creado inicialmente por Pedro I el Cruel en 1364 sobre el antiguo alcázar de los almohades y después ampliado sucesivamente por los Reyes Católicos, el emperador Carlos V y Alfonso XIII.

El Archivo de Indias, construido por Juan de Herrera (autor de El Escorial) recoge el patrimonio documental y testimonio del poder hispano en el Nuevo Mundo desde 1785 por orden de Carlos III. Contiene 86 millones de manuscritos y 8.000 mapas, entre ellos algunos utilizados por Colón, Hernán Cortés y Cervantes.

A pocos metros encontramos el Palacio de los Duques de Medinaceli, la conocida Casa de Pilatos. Y no lejos de aquí­, el Ayuntamiento preside la plaza de San Francisco, donde la Inquisición celebraba antaño los autos de fe. Tiene dos fachadas, una plateresca del siglo XVI y otra neoclásica, fruto de una ampliación en 1891 y en su interior pueden verse obras de Velázquez o Zurbarán.

Mucho queda por recorrer en la bella Sevilla, prometemos volver, como siempre, para sentirnos cmo en casa por el “arte” de su gente.

Foto de la calle Betis, Serlorencen en Flickr.

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