Cuando viajamos por el mundo, los hoteles se convierten en nuestras casas. Si en el día a día nos dedicamos a cambiar las bombillas de nuestras lámparas por bombillas de bajo consumo, colocamos doble acristalamiento para aprovechar mejor la energía dentro de casa o separamos el plástico de la materia orgánica… ¿Por qué no cuidamos el medio ambiente igual cuando viajamos?
Gracias a la Feria de Turismo de Madrid, FITUR, pudimos conocer los biohoteles.

Estos nuevos espacios tienen las mismas comodidades que un hotel normal, pero no dejan de lado la conciencia social para apoyar al medio ambiente. Tienen como fuente de calefacción calderas de biomasa, sus restaurantes cocinan comida ecológica sin transgénicos e iluminan sus habitaciones y estancias con bombillas de bajo consumo.

Algunos ejemplos de estos hoteles en nuestro país son el Fuerte Conil de Cádiz, La Escuela de Gran Canaria o el Holiday Inn de Valencia. Ninguno de ellos ha dejado de lado el lujo y el comfort para proteger el planeta. El caso más claro es el EuroStars Madrid Tower, que combina un ahorro energético del 75% con sus cinco estrellas gracias a un sistema de regulación de la energía .
La protección de nuestro planeta se basa sobretodo en el reciclaje y el uso de materiales y cosas que son normalmente consideradas desechos. Los biohoteles han incorporado esta filosofía a su cultura con grandes resultados, tanto en los materiales que utilizan como en las localizaciones o espacios donde son construidos.

Un buen ejemplo es este avión de la Guerra Fría (un Ilyushin 18 de 1960), convertido en habitación de lujo voladora. Equipada con tres televisores de pantalla plana, un jacuzzi y una sauna de infrarrojos es tan solo apta para dos personas.
¿El precio? 350.00 euros por pareja (con desayuno incluido, eso sí).
Pero para los que sientan cierto vértigo en las alturas hay otra bio-solución: pasar una noche en el templo budista Wat Pa Maha Chedi Kaew, en la provincia tailandesa de Sisaket. Lo que más sorprende de este templo es que se ha construido íntegramente con botellas de cerveza de Heineken (de color verde) y Chang (marrón), las dos marcas favoritas de la zona.
Se empezó a construir en 1984, cuando los monjes decidieron reunir botellas de vidrio como ejemplo de reciclaje útil, movilizando a los habitantes de la zona en una operación de limpieza que culminó en este singular y maravilloso templo.

Si os gusta aplicar la conciencia verde en vuestra vida cotidiana, podéis ver algunos ejemplos de tecnologías, e inventos que harán de nuestra casa un lugar mejor para el Planeta.





















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